yo. Le agradecí de corazón y le conté lo preocupado que estaba mi esposo. Se ofreció a dejarlo en mi casa porque pasaba cerca. Le di mi dirección sin pensarlo.
Diez minutos después, un auto se detuvo frente a mi puerta. El hombre me entregó el aparato, con un pequeño rasguño en una esquina pero intacto. Le di las gracias de nuevo. Se dio la vuelta para irse y casi lo dejé marcharse.
—Espere. ¿Puedo preguntarle dónde exactamente lo encontró?
Un lugar que no encajaba
Se detuvo y respondió con