Mi esposo perdió su teléfono y cuando un desconocido me dijo dónde lo encontró, olvidé cómo respirar

naturalidad. Me dijo que lo había encontrado en el pasillo de un edificio de apartamentos en la calle Los Almendros, al otro lado de la ciudad, a cuarenta minutos de la oficina de Andrés y del gimnasio. Mi esposo me había dicho que ayer había estado en esos dos únicos lugares.

—¿Está seguro? —pregunté.

—Segurísimo. Estaba junto a los buzones. —Dudó un instante y añadió lo que terminó de derrumbarlo todo—. El portero lo reconoció apenas lo vio. Me dijo que era del señor del 4B, que viene casi todos