en la universidad.
Ella se encontraba tres filas delante de mí, riéndose con una amiga.
La miré tanto tiempo que finalmente volteó y me descubrió.
Meses después reuní valor para invitarla a salir.
—Ya era hora —me dijo.
—Necesité meses para atreverme.
—Necesitaste meses para dejar de quedarte mirándome como tonto.
Cuando recibí la noticia de que tendría que ir a Vietnam, le dije que no quería marcharme sin casarme con ella.
Irene me estudió durante unos segundos.
—¿Me lo preguntas porque tienes miedo?
—Te lo pregunto porque te amo.