los ojos durante unos segundos.
—¿Cómo se llamaba?
—Daniel.
Su expresión cambió por completo.
—Daniel Kane.
No fue una pregunta.
Fue una sentencia.
Mi corazón comenzó a golpearme el pecho.
—¿Cómo sabes su apellido?
Adrián dejó la fotografía sobre el escritorio.
—Porque Daniel era mi hermano mayor.
Sentí que las piernas me fallaban.
Durante siete años había pensado que Daniel había muerto en aquel accidente y que su familia jamás había querido saber nada de nosotros.
Pero nunca imaginé que el hombre que estaba frente a mí fuera su hermano.