una falsificación.
Mi padre tomó el documento.
—Esto es grave.
—¿Qué vamos a hacer? —pregunté.
La directora respondió:
—Ya llamamos a la policía.
En ese momento, escuchamos pasos en el pasillo.
Mi madre apareció acompañada de un hombre con traje.
Daniel Mercer.
El abogado.
Mi madre me miró directamente.
No parecía arrepentida.
Parecía segura.
—Estás haciendo todo esto innecesariamente difícil —dijo.
Abracé más fuerte a mi hija.
—No vuelvas a acercarte a ella.
Daniel levantó una carpeta.
—Tenemos motivos para solicitar una medida de protección temporal.
Lo miré.
—¿Basada en