regresaste por mí?”, preguntó, negando con la cabeza al instante. “No, tú nunca regresas por mí”.
A Alejandro le costó el alma no desplomarse. Se arrodilló frente a ella y le mostró la caja de madera de María, sus dibujos, las cartas, la pulserita de oro. “Me robaron esto, mi amor. Me robaron todos estos años y te hicieron creer que no me importabas. Pero esta noche, eso se acabó”. Victoria lloró, pero esta vez de alivio. Corrió al mueble de la tele, quitó un panel falso y sacó