te quedas, te van a destrozar. Eres el testigo clave”. María asintió, llorando de gratitud. Arturo abrió el zaguán y, antes de que arrancaran, se asomó por la ventana y le dijo a Alejandro: “Señor, cuando estén a salvo, pregúntele a María por qué entró a trabajar a esta casa. Ella vino a cumplir una promesa que le hizo a alguien muy importante en el panteón”.
Manejaron por calles oscuras hasta llegar a un pequeño departamento en la colonia Condesa, una propiedad secreta que Rebeca desconocía. Victoria se quedó