EL MAGNATE LLEGÓ CON ROSAS PARA SU ESPOSA, PERO LA EMPLEADA LE TAPÓ LA BOCA: “¡SILENCIO, TIENE QUE VER ESTO YA!”

aquí, joven, quédese con el cambio”, le dijo al chofer. Tomó su maleta, apretó el ramo de rosas y caminó hacia la puerta de servicio por el callejón trasero. Quería entrar sin ser anunciado, quería ver con sus propios ojos qué estaba pasando en su propia casa a sus espaldas. El aire olía a los jazmines del jardín y a algo más, algo denso, como un secreto a punto de pudrirse.

 

Abrió la puerta de servicio con su llave y caminó por el pasillo oscuro que conectaba la cocina