tarde. Tiene que ver esto con sus propios ojos. Si se lo cuento, no me lo va a creer”. Una sensación helada le recorrió la espalda a Alejandro, haciéndole saber que algo inimaginable estaba a punto de estallar.
PARTE 2
“Llévame”, susurró Alejandro con la garganta seca, soltando lentamente la mano de la empleada. Subieron por la escalera de caracol de servicio, esa que estaba oculta detrás de la alacena y que los patrones casi nunca usaban. Los escalones crujían ligeramente. Las rosas se iban marchitando por la fuerza con