“Puedo limpiar, cocinar, hacer lo que sea. Mi hermanita solo necesita leche”, me dijo una niña de 8 años mientras cargaba a una bebé hambrienta en el vestíbulo de mi empresa. No discutí ni llamé a seguridad. Escribí una sola frase en una hoja y respondí: “Entonces estás contratada”. Pero cuando cayó de su mochila una lista escrita con crayón, entendí quién las había abandonado.

Verónica había vivido con Lucía antes del accidente.

Después de la muerte, prometió cuidar a las niñas porque temía que las separaran.

Al principio trabajó, pagó la renta y estuvo presente.

Después comenzó a desaparecer una noche.

Luego 2.

Después fines de semana completos.

—Camila sabe cuidar perfectamente a Renata —dijo.

La miré.

—Camila tiene 8 años.

—Es muy madura.

—Porque tú la obligaste a serlo.

Su expresión se endureció.

—Usted no sabe nada de nuestra familia.

Laura colocó otra hoja sobre la mesa.

Durante las llamadas de aquella mañana