“Puedo limpiar, cocinar, hacer lo que sea. Mi hermanita solo necesita leche”, me dijo una niña de 8 años mientras cargaba a una bebé hambrienta en el vestíbulo de mi empresa. No discutí ni llamé a seguridad. Escribí una sola frase en una hoja y respondí: “Entonces estás contratada”. Pero cuando cayó de su mochila una lista escrita con crayón, entendí quién las había abandonado.

15 meses desde aquella mañana lluviosa hasta que un juez resolvió definitivamente la situación de las niñas y autorizó el proceso que convirtió a Camila y Renata legalmente en mis hijas.

Elvira estuvo presente.

Lloró en el estacionamiento.

Después aseguró que solo tenía polvo en el ojo.

En casa seguimos conservando la vieja cobija verde de Renata.

También conservamos los 2 papeles.

El escrito con crayón quedó guardado en una caja.

Camila dijo que quería conservarlo para recordar de dónde había salido.

Mi hoja está pegada en el refrigerador.

“TRABAJO: