adelante. Alejandro, herido en su orgullo, no intentó detenerla. Supuso que volvería cuando comprendiera lo difícil que era comenzar desde cero.
Pero nunca regresó.
Durante el divorcio, Lucía rechazó la mansión, los automóviles y la suma millonaria que los abogados de Alejandro le ofrecieron. Solo pidió una cantidad modesta y algunas pertenencias personales. Él interpretó aquello como otro acto de orgullo.
Con el tiempo dejó de preguntar por ella. Se convenció de que ambos habían tomado caminos diferentes y que remover el pasado no servía de nada.
Sin embargo, todo