Durante 11 años, mi esposo me presentó como “Mariana, mi esposa” y repetía que sin su apellido yo no era nadie. El día del divorcio tomó las llaves de Valle de Bravo, se rio y dijo: “¿Duele perder?”. Yo no discutí; solo respondí: “Pregúntame mañana”. Esa misma noche, frente a 327 invitados, las pantallas de su boda se encendieron y por primera vez Alejandro escuchó mi verdadero cargo y el nombre de mis 14 empresas.

yo volaba lejos de la Ciudad de México, un hombre llamado Ernesto Aranda entró al salón de bodas de Alejandro llevando en el bolsillo una copia del informe que podía destruirlo.

Parte 2: Don Ernesto Aranda tenía 71 años.

Alejandro lo conocía desde hacía casi una década.

Lo admiraba.

También le tenía miedo.

Ernesto había invertido 28 millones de pesos en Robles Tecnología cuando la empresa apenas podía pagar nóminas.

Lo que Alejandro ignoraba era que Ernesto también formaba parte del consejo asesor de Grupo Altamira.

Mi grupo.

La recepción