estaba a punto de celebrar su nueva vida.
En uno de mis hoteles.
Con una deuda respaldada por uno de mis fondos.
Mientras su empresa ocupaba 3 pisos de uno de mis edificios.
Y había algo todavía peor.
Durante las últimas 6 semanas, Lucía y mi equipo de auditoría habían encontrado 47 movimientos que Alejandro jamás había esperado que alguien revisara.
Uno de ellos era el pago del anillo que Renata llevaba puesto aquella tarde.
Guardé el teléfono.
Subí al avión.
Y a las 8:41 de la noche, mientras