Durante 11 años, mi esposo me presentó como “Mariana, mi esposa” y repetía que sin su apellido yo no era nadie. El día del divorcio tomó las llaves de Valle de Bravo, se rio y dijo: “¿Duele perder?”. Yo no discutí; solo respondí: “Pregúntame mañana”. Esa misma noche, frente a 327 invitados, las pantallas de su boda se encendieron y por primera vez Alejandro escuchó mi verdadero cargo y el nombre de mis 14 empresas.

“Esperamos que le guste el hotel.”

Ernesto la miró.

“Lo conozco bastante bien.”

Ella sonrió sin entender.

Alejandro levantó su copa.

“Después de todo lo que pasó, siento que por fin recuperé mi vida.”

Ernesto guardó silencio.

Luego preguntó.

“¿Puedo hacerte una pregunta, Alejandro?”.

“Claro.”

“¿Mariana nunca te habló de sus empresas?”.

Alejandro soltó una carcajada.

“¿Empresas?”.

Renata también se rio.

“Mariana organizaba fundaciones y reuniones benéficas.”

Ernesto no sonrió.

“Te pregunté si alguna vez te habló de sus empresas.”

Alejandro dejó de reír.

“¿Qué empresas?”.

Ernesto miró directamente hacia