partes.
“Mi esposa, Mariana.”
Nunca decía que yo había estructurado el crédito que salvó su empresa durante la crisis.
Nunca decía que 2 de sus principales inversionistas habían llegado por mí.
Nunca decía que la oficina donde presumía su placa de director general pertenecía a una inmobiliaria controlada por mi grupo.
Para Alejandro yo era su esposa.
Decorativa.
Útil.
Silenciosa.
Cuando me disponía a bajar las escaleras, me llamó una última vez.
“Mariana.”
Lo miré.
Sacó del bolsillo unas llaves y las hizo sonar.
Eran las de la casa de