quería que vieras.
Se levantó y se volvió a separar ligeramente la tela.
La cicatriz se recorría parte de su hombro y bajaba hacia el pecho.
—Cuando tenía diecisiete años,
hubo un incendio en nuestra
casa. Mi madre y mis hermanos estaban dentro. Yo entre para sacarlos.
Alejandro sintió un nudo en la garganta.
—¿Y esa marca?
—Me cayó encima de una parte del techo.
Araceli miró la cicatriz.
—Desde entonces llevo esto.
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Alejandro tomó su mano.
—Y todos pensaron que…
—Que era una mujer