EL MAGNATE LLEGÓ CON ROSAS PARA SU ESPOSA, PERO LA EMPLEADA LE TAPÓ LA BOCA: “¡SILENCIO, TIENE QUE VER ESTO YA!”

qué he hecho?”. Pero María negó con la cabeza, con los ojos llorosos pero firmes. “Eso no es todo, señor. Hay cosas peores. Pero si entra ahora a abrazarla, ella pensará que lo hace solo para evitar un escándalo. Le han lavado el cerebro diciéndole que usted no la ama”.

 

María lo guio de regreso al pasillo de servicio, bajando hasta un rincón que Alejandro jamás había pisado: el cuarto de servicio. Era una habitación pequeñita, con una cama individual, una virgen de Guadalupe en la pared y una