muy importante en el panteón”.
Manejaron por calles oscuras hasta llegar a un pequeño departamento en la colonia Condesa, una propiedad secreta que Rebeca desconocía. Victoria se quedó dormida en el sillón, abrazando su pulsera y la mano de su padre. En la cocina, Alejandro le preparó un café a María y se sentó frente a ella. “Arturo me dejó intrigado. ¿Qué promesa hiciste, María? ¿Por qué aguantaste tantos años de humillaciones en esa casa?”.
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María suspiró, limpiándose las lágrimas. “Hace muchos años, señor, yo