EL MAGNATE LLEGÓ CON ROSAS PARA SU ESPOSA, PERO LA EMPLEADA LE TAPÓ LA BOCA: “¡SILENCIO, TIENE QUE VER ESTO YA!”

era muy pobre. Tenía a mi esposo Isaac muy enfermo y un niño chiquito. Un día en el tianguis, mi hijo se me perdió. Pensé que me volvía loca. Pero un señor de traje lo encontró, lo cargó por todo el mercado y me lo devolvió sin pedir nada a cambio. Ese hombre era su padre, don Eduardo Montero”. Alejandro sintió unnudo en la garganta.

 

 

“Cuando mi esposo empeoró, su papá me dio trabajo sin conocerme. Pagó las quimioterapias de Isaac, las medicinas, todo en secreto”, continuó María. “