que apartar la mirada para que ella no viera sus lágrimas.
Años después, Berta todavía conservaba aquella primera muñeca.
Pero ya no dormía abrazada a ella por miedo a perderla.
La conservaba como un recuerdo.
Como prueba de que hubo una época en la que pensó que nadie la elegiría.
Y quizá la parte más dolorosa de aquella historia no fue que Berta hubiera pasado años esperando una familia.
Fue que, durante mucho tiempo, había llegado a creer que no merecía tener una.
Porque algunas heridas no se ven.
No
NADIE ME HA ELEGIDO NUNCA… HASTA QUE UN CEO SE ARRODILLÓ ANTE ELLA-TANTONA