NADIE ME HA ELEGIDO NUNCA… HASTA QUE UN CEO SE ARRODILLÓ ANTE ELLA-TANTONA

otro lado del pasillo.
Conocía aquella mirada de Berta.
Era la mirada de una niña que había dejado de esperar porque esperar le dolía demasiado.
David permaneció unos minutos en silencio.
Después preguntó:
—¿Qué dibujas?
Berta abrió su cuaderno.
Le mostró una casa.
David sonrió ligeramente.
—Es bonita.
—No está terminada.
—¿Qué le falta?
Berta miró el dibujo.
—Alguien adentro.
David sintió que algo se quebraba dentro de él.
Se inclinó hacia la niña.
—¿Cómo sería esa persona?
Berta tardó en contestar.
—No sé.
—¿Qué tendría que hacer?
La niña