respiró profundamente.
—Quedarse.
Una sola palabra.
Pero David entendió todo lo que había detrás.
Quedarse cuando tuviera miedo.
Quedarse cuando estuviera triste.
Quedarse cuando cometiera un error.
Quedarse incluso cuando dejara de ser una niña pequeña y bonita.
David miró el cuaderno.
Después miró a Berta.
Y lentamente hizo algo que dejó sorprendidos a todos los que estaban enel salón.
Se puso de rodillas frente a ella.
Berta abrió mucho los ojos.
—¿Qué haces?
David tomó aire.
—Quiero preguntarte algo.
La niña no respondió.
—¿Te gustaría que alguien volviera mañana?
NADIE ME HA ELEGIDO NUNCA… HASTA QUE UN CEO SE ARRODILLÓ ANTE ELLA-TANTONA