NADIE ME HA ELEGIDO NUNCA… HASTA QUE UN CEO SE ARRODILLÓ ANTE ELLA-TANTONA

Berta apretó los labios.
—Sí.
—¿Y pasado mañana?
La niña comenzó a llorar.
—Sí.
David tragó saliva.
—¿Y dentro de un año?
Berta ya no pudo contener las lágrimas.
—Sí.
David extendió una mano, pero no la tocó hasta que ella se acercó por voluntad propia.
—Entonces quiero intentar ser esa persona que vuelve.
Berta lo miró con miedo.
—Pero todos dicen eso.
David asintió.
—Tienes razón.
La niña frunció el ceño.
—Entonces… ¿por qué debería creerte?
David permaneció de rodillas.
—No tienes que creerme hoy.
Hizo una pausa.
—Voy