ahora, quizá no quieras quedarte hasta el final.
Su respuesta me heló la sangre.
Empecé a pensar que tal vez estaba gravemente enfermo y que el sobre contenía su testamento. Entonces noté que sus amigos evitaban mirarme a los ojos. Pedimos la comida, pero yo no podía tragar ni un solo bocado.
Los hombres hablaban de sus años de juventud.V
De vez en cuando mencionaban a una mujer llamada Laura, pero cada vez que pronunciaban su nombre, mi padre se tensaba.
Laura era el nombre de mi madre.
—Realmente