dificultades del aprendizaje, había estudiado materiales sobre la dislexia e incluso había preparado tarjetas de colores para ayudar a Emily a distinguir las letras con mayor facilidad.
—Mamá, no quería que pensaras que era tonta.
Al escuchar esas palabras, me senté en el suelo y rompí a llorar.
La abracé con tanta fuerza que me temblaban las manos.
—Nunca fuiste tonta. La que cometió un error fui yo, porque no comprendí por lo que estabas pasando.
Mi padre se sentó junto a nosotras y
