por su vigésimo quinto aniversario.
—¿El Patek, verdad? —preguntó Vanessa—. Tienes tres, ¿no? El de oro rosa es mi favorito.
Papá no levantó la vista de su plato.
—Dos —dijo en voz baja—. Tengo dos.
—Mmm —dijo Vanessa sonriendo—. Bueno,
son preciosos.
Bajé la mirada hacia mi plato.
La vajilla de mi madre. El diseño con las florecitas azules pintadas alrededor del borde. Nomeolvides. La recibió como regalo de bodas de su abuela en 1974. Lavaba a mano cada pieza. Jamás la metió en