mano.
Mauricio seguía junto a la ventana.
No había vuelto a acercarse desde que encontraron la caja.
Yo lo miré.
—¿Tú conocías ese lugar?
Negó demasiado rápido.
—No.
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—¿Entonces por qué dijiste que la prenda no podía ser de Melissa?
Mi tío se pasó ambas manos por la cara.
—Porque pensé que era imposible, Gabriel.
—Eso no responde.
Mi mamá se levantó.
Mauricio miró hacia la cama vacía y finalmente admitió que durante años había visto a Ernesto salir temprano algunos días con sobres de dinero y regresar por