la tarde, pero jamás le explicó adónde iba.
A veces mencionaba Zacatlán.
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Nada más.
Mauricio aseguró que nunca preguntó porque mi abuelo no toleraba preguntas sobre sus asuntos.
Le creí una parte.
La otra tendría que comprobarse.
Renata tampoco lo acusó.
Sólo le pidió que permaneciera disponible.
Antes de salir de la casa, mi mamá se detuvo frente al colchón recargado contra la pared.
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—Yo viví aquí después de que Melissa desapareció —murmuró—. Entré a este cuarto cientos de veces.
No supe qué decirle.
Ese era uno de