que yo le dibujara los pétalos.
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Me acordé de la prenda rosa dentro de la bolsa de evidencia.
No era una semejanza vaga.
Era la misma forma de bordar.
Mi mamá cerró los ojos.
—Yo debí escucharla.
Sabía exactamente a qué se refería.
Melissa le había dicho que no quería quedarse sola con Ernesto.
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Lucía me había ocultado aquello durante 14 años porque ella misma había permitido que mi abuelo la convenciera de que su hija sólo estaba desafiando reglas.
No intenté consolarla con una mentira.
—Tú le