dijo que todos creerían que mamá iba cansada. Y que después me llevarían a Querétaro para que dejara de preguntar.
Sergio avanzó hacia él.
—Ven acá ahora mismo.
—No lo toque —ordenó Gálvez.
La puerta volvió a abrirse y entraron 2 policías de la Fiscalía.
—Señora Renata, saque la mano de la bolsa —dijo uno.
Renata sonrió de forma torcida.
—¿Ahora van a creerle a un niño asustado?
—Vamos a creerle a la grabación —respondió Gálvez.
Sergio la miró con odio.
—¿Qué grabación?
—Desde que entré a este