puso frente a ella como escudo.
—¡Nadie me va a quitar lo que me pertenece!
Sergio retrocedió, pálido.
—Renata, suéltalo.
Ella soltó una carcajada histérica.
—¿Ahora sí tienes miedo? ¡Tú cortaste los frenos!
—¡Porque tú me dijiste cómo hacerlo! —gritó Sergio.
La verdad explotó frente a todos.
Valeria, atrapada en su cama, entendió que sus enemigos no estaban discutiendo.
Se estaban hundiendo entre ellos.
Y justo cuando Renata levantó el bisturí cerca del cuello de Mateo, Valeria abrió los ojos.
PARTE 3
La luz blanca del hospital le
quemó