las pupilas.
Todo estaba borroso.
Consultar médico
Las paredes.
Los rostros.
Las sombras moviéndose de golpe.
Pero Valeria vio lo único que necesitaba ver.
Mateo estaba vivo.
Y Renata tenía un bisturí junto a su piel.
Un sonido salió de su garganta. No fue un grito completo. Fue apenas un gemido roto, áspero, casi animal.
Pero todos lo escucharon.
Mateo giró la cabeza.
—¡Mamá!
Renata se quedó paralizada.
Por 1 segundo, la mujer que había planeado su muerte dejó de ser la hermana elegante, la víctima llorosa, la