A pronunciar frases sin que le doliera todo el pecho.
Pero lo más difícil no fue recuperar el cuerpo.
Fue mirar a Mateo y entender cuánto había visto.
Un niño de 9 años no debía saber lo que era un testamento. No debía esconder un celular bajo la almohada para grabar conversaciones. No debía fingir
calma frente a 2 adultos que querían desaparecerlo.
Una tarde, mientras la fisioterapeuta salía del cuarto, Mateo se sentó a su lado.
Consultar médico
—Perdón, mamá.
Valeria frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Porque no