Desperté de un coma y escuché a mi hijo susurrar: “No abras los ojos, mamá… papá está esperando que te mueras.” En ese instante entendí que mi accidente no había sido un accidente, y que mi esposo y mi propia hermana estaban esperando mi muerte para quedarse con todo.

verlos esposados.

Fue salir del

juzgado y sentir el sol en la cara.

Fue escuchar a Mateo decir:

Consultar médico

—¿Nos vamos a  casa?

Y poder responder:

—Sí, pero a una nueva.

Vendieron la mansión de Lomas.

Valeria no quería volver a dormir en una casa llena de recuerdos podridos.

 

Compró una casa más pequeña en Veracruz, cerca del mar, con ventanas grandes, paredes claras y un patio donde Mateo pudiera correr sin miedo.

El primer fin de semana, él plantó un árbol de limón en la tierra húmeda.

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