verlos esposados.
Fue salir del
juzgado y sentir el sol en la cara.
Fue escuchar a Mateo decir:
Consultar médico
—¿Nos vamos a casa?
Y poder responder:
—Sí, pero a una nueva.
Vendieron la mansión de Lomas.
Valeria no quería volver a dormir en una casa llena de recuerdos podridos.
Compró una casa más pequeña en Veracruz, cerca del mar, con ventanas grandes, paredes claras y un patio donde Mateo pudiera correr sin miedo.
El primer fin de semana, él plantó un árbol de limón en la tierra húmeda.
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