una casa pequeña.
Consiguió trabajo.
Aprendió a recuperar las cosas simples.
Desayunos tranquilos.
Paseos con su hija.
Noches sin escuchar puertas cerrándose.
Un año después, el coronel Méndez visitó a Ramira.
Llevaba una pequeña caja.
—¿Qué es eso?
Él sonrió.
—Algo que pertenecía a su expediente.
Dentro estaba la vieja fotografía que había sido encontrada entre las pertenencias de Esteban.
Era una imagen de Ramira y Salomé cuando la niña era pequeña.
En la parte posterior había una frase escrita por Esteban.
“Si algún día algo me ocurre, protege a