Cada verano, mi hermana llevaba a nuestra madre a su casa. Pero un día mi madre me llamó en un susurro y me pidió que fuera a recogerla.

porque la rodilla se me hincha con las escaleras. Y por la noche… simplemente tengo miedo. Esta casa cruje tanto…

No dormí en toda la noche.

 

A las seis de la mañana llamé al trabajo y pedí un día libre. Mi compañera aceptó sustituirme en cuanto escuchó mi voz.

A las ocho subí al autobús.

Durante la hora y media de viaje fui preparando mentalmente todo lo que iba a decirle a Marta. Palabras duras. Justas. Precisas.

Al final no pronuncié ninguna.

La casa de Marta y Klaus está