en las afueras del pueblo, detrás de la antigua escuela.
Es una casa preciosa: fachada amarilla, una verja nueva y una fila de tuyas perfectamente recortadas. Klaus la construyó hace quince años, cuando lo ascendieron.
Marta siempre decía:
—Mamá, esta es tu habitación. Este es tu jardín. Este es tu lugar.
Y mamá le creía, porque deseaba creerlo.
Cuando abrí la puerta del jardín, el perro empezó a ladrar con fuerza.
Un pastor alemán joven y robusto.
Mamá ya ni siquiera podía sacarlo a pasear. Él tiraba de ella como