si fuera una muñeca de trapo.
La encontré en la cocina.
Estaba sentada a la mesa con un jersey fino y una taza de té entre las manos.
Me miró como si hubiera llegado alguien dispuesto a rescatarla de un incendio.
Y al mismo tiempo con una expresión de culpa, como si mi llegada fuera algo indebido.
—No tendrías que haber venido —dijo en voz baja—. Marta se enterará y se enfadará.
—Mamá, Marta te dejó sola durante una semana con un perro del que ni siquiera puedes ocuparte y