se fue al mar. Es ella quien debería dar explicaciones, no tú.
Mamá negó con la cabeza.
Y entonces dijo una frase que jamás olvidaré.
—Irenka, no lo entiendes. Marta y Klaus trabajan muy duro todo el año. Se merecen descansar. Yo solo me aburro un poco. Me las arreglaré.
Me las arreglaré.
Ochenta y un años.
Una rodilla enferma.
Una casa aislada.
Las paredes crujiendo por la noche.
Un perro al que le tiene miedo.
La tienda más cercana, a dos kilómetros, atravesando los campos.
«Me las arreglaré.»
Preparé