problema en culpa mía -dijo-. Después de tantos años terminé creyendo que mantener la paz significaba hacerme pequeña.
Tomé su mano.
-Esa casa también es tuya. Tu vida también.
Asintió.
Entonces tocaron la puerta.
Mi madre se estremeció.
Yo me levanté.
Miré por la ventana.
Era Diego.
Estaba solo.
Mi madre abrió apenas después de que yo me colocara a su lado.
Diego miró las cerraduras nuevas.
-Tengo que decirles algo.
-Habla desde ahí -respondió mi madre.
Diego bajó la cabeza.
-Mi papá guardó una copia de la llave vieja.