Mi padrastro, el director de Seguridad Pública Municipal, me esposó en la cocina de mi madre porque creyó que había inventado una llamada militar clasificada. Mi hermanastro grababa cada segundo mientras se burlaba: —¿Todavía finges que eres militar? Entonces una voz salió del teléfono: —General Navarro, ¿hay algún problema? En lugar de detenerse, mi padrastro me tiró al suelo, me apuntó con su pistola y gritó: —¿Quién demonios te crees que eres? Nunca entendió que la llamada seguía conectada. Ni quién había escuchado absolutamente todo.

Esa llave ya no sirve.

-Lo sé.

Levantó la mirada.

-Pero dijo que viene esta noche.

Sentí que mi madre apretaba mi brazo.

-¿Para qué?

-Dice que tú tienes que entender que todavía es su casa.

Mi madre permaneció en silencio.

Diego continuó:

-Y dijo que nadie le va a quitar a su esposa.

Esperé miedo.

Lágrimas.

La vieja costumbre de buscar una manera de no enfurecer a Rafael.

Pero mi madre tomó su celular.

Llamó al investigador responsable del caso.

Después me miró.

-No voy a salir de mi