bolsa para hacerla subir.
No había empujado a su cuñada.
No había puesto la grasa.
Pero tampoco la había advertido.
Y no podía borrar esa decisión solamente porque el plan original hubiera sido asesinarla a ella.
—Sí —respondió Valeria—. Yo la llamé.
Graciela aprovechó inmediatamente la confesión.
—¿Escuchaste, Julián? Ella provocó esto. Ella hizo que Abril subiera.
—La grasa yaestaba ahí —
dijo Abril desde el piso.
Su voz era débil, pero clara.
Graciela bajó la mirada hacia ella.