grasa transparente.
Dio la dirección, explicó que una mujer había sufrido una caída y añadió que nadie debía limpiar ni tocar la escalera.
Julián soltó una risa corta.
—¿Ahora vas a hacerte la inocente?
Valeria lo miró.
—No.
Él señaló a Abril.
—Tú la llamaste.
Esa frase golpeó a Valeria de una manera distinta.
Porque era verdad.
Ella había sabido que la escalera estaba preparada para hacerla caer y, aun así, había utilizado la obsesión de Abril por una