principio no dije nada.
Simplemente lo miré.
Él cerró rápidamente el teléfono, sonrió y fingió que no había pasado nada.
Y en ese momento lo entendí todo.
No me amaba.
Amaba mi casa.
Mi dinero.
Mi nombre.
Mis seguidores.
Incluso mi edad.
Porque para él mi edad no era algo hermoso.
Era una ventaja.
Un cálculo.
Había pensado que yo estaba tan sola, tan desesperada por recibir afecto y tan vulnerable emocionalmente que no me daría cuenta de lo que estaba ocurriendo.
Había creído que unas cuantas palabras bonitas, algunos