un rastreador en mi coche.
Mi teléfono comenzó a sonar.
Número privado.
Contesté y activé el altavoz.
—Valeria —dijo Santiago.
Su voz seguía siendo tranquila.
—Aléjate de tu padre.
Daniel hizo una señal para que nadie hablara.
Santiago soltó una risa.
—Sigues pensando que Tomás es el gran secreto.
—¿Qué quieres?
—Que entiendas algo.
Pausa.
—El secreto nunca fue tu padre.
Otra pausa.
—Eres tú.
Daniel empezó a grabar.
—Explícate.
Santiago no sabía que lo escuchaban 5 personas.
Y habló.
Durante años había creído que la fortuna de los Alvarado