Mi arrogante esposo llegó a nuestra audiencia de divorcio con su amante del brazo y me susurró: —La empresa, la mansión y los autos ya son míos. Para el viernes no tendrás ni dónde vivir. No lloré ni discutí. Simplemente me puse de pie y me quité el abrigo. Cuando todos vieron las cicatrices que sus millones habían intentado ocultar durante años, la audiencia dejó de parecer un divorcio.

audiencia de divorcio.

—Precisamente —respondió Daniel—. Y mi clienta acaba de descubrir que varios bienes que el señor Alvarado asegura poseer fueron transferidos utilizando documentos cuya autenticidad está en duda.

Santiago soltó una risa seca.

—Valeria está desesperada.

Me miró.

—Siempre ha sido emocionalmente inestable.

Esa frase me había mantenido callada durante años.

Inestable.

Frágil.

Confundida.

Enferma.

Palabras repetidas hasta convertirse en barrotes.

Pero aquella mañana ya no tenían cerradura.

Saqué un archivador negro.

—Antes de casarme con Santiago me llamaba Valeria Montes Robles.

Abrí la primera página.

—Soy ingeniera