Mi arrogante esposo llegó a nuestra audiencia de divorcio con su amante del brazo y me susurró: —La empresa, la mansión y los autos ya son míos. Para el viernes no tendrás ni dónde vivir. No lloré ni discutí. Simplemente me puse de pie y me quité el abrigo. Cuando todos vieron las cicatrices que sus millones habían intentado ocultar durante años, la audiencia dejó de parecer un divorcio.

biomédica.

Santiago dejó de moverse.

—Y diseñé el primer prototipo del sistema vascular que convirtió a Alvarado Biotecnología en una empresa valuada en cientos de millones de pesos.

Renata giró hacia él.

Esa parte tampoco la sabía.

Mostré bocetos fechados, correos universitarios y registros de laboratorio anteriores a mi matrimonio.

—Santiago afirma que cedí todos mis derechos.

Lo miré.

—Lo que no menciona es que firmé esos papeles después de pasar 3 días sedada en un hospital.

La mandíbula de Santiago se endureció.

—Te caíste por las escaleras.

Daniel abrió