de la mujer arrogante que había entrado al juzgado del brazo de mi esposo.
—Fui yo quien dio la dirección completa —confesó.
—¿Por qué?
—Porque anoche Santiago me pidió que
declarara que te había visto lastimarte sola.
La miré fijamente.
—¿Aceptaste?
—Le dije que necesitaba pensarlo.
—Eso no significa no.
—Lo sé.
Al menos no intentó justificarse.
Dentro del archivo descubrimos que varias cajas habían sufrido una supuesta fuga de agua horas después de que se emitiera la orden judicial.
Pero una caja sobrevivió.
En la tapa habían escrito mis