hizo recordar cómo éramos antes de que todo se rompiera.
Me senté junto a su cama sin saber qué responder.
—¿Y ahora qué pasa?
Mariana sonrió triste.
—Ahora intento aprender a vivir sin esperar que alguien se quede.
Esa frase me dolió más que cualquier pelea que hubiéramos tenido.
Me quedé con ella varios días. La acompañé a estudios médicos, hablé con doctores y escuché historias que nunca me había contado durante nuestro matrimonio.
Por primera vez en años, dejamos de fingir.
Y entendí que el problema nunca fue falta